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El ineludible tema de los terremotos

Es fascinante contarles a mis amigos de fuera de Chile mi experiencia con los sismos de esta tierra. No es para menos, en Cuba el piso sólo se mueve cuando se anda en el oriente del país y, a veces, cuando alguien cuenta con un puesto laboral codiciado. Mis amigos me leen aterrorizados pero a la vez presas de la curiosidad. Para eso sólo tengo que contarles que en la madrugada del 27 de febrero de 2010 mi edificio se bamboleó como palma real en pleno huracán.

Nunca pensé, en serio se los juro, que viviría un terremoto. Sabía de Chile, en uno de mis 1ros días en este país estaba sentado frente al computador y sentí que me empujaban, mas no había nadie detrás. Vi entonces que el edificio se movia levemente y yo con él. Fue mi primera experiencia sísmica. En los meses posteriores, siempre que temblaba la tierra con suavidad, yo pensaba en qué medidas habría de tomar si me agarraba algún dia un terremoto de gran magnitud. Entonces me imaginaba, como dice la teoría, parado bajo el marco de la puerta, resistiendo heroicamente el sacudón y sobreviviendo sin aspavientos al fenómeno. ¡Cuán inocente era, más aún al certificar mentalmente la imposibilidad de experimentar un suceso así!

Pues no faltaba más. A inicios de febrero de 2010 pasé a vivir solo en el departamento y me centraba en adaptarme a tan sacrificada vida. Desde el piso 10, por la ventana de mi cuarto se divisaba el sur de Santiago espléndido, limpio, desarrollado. Y la visita de mi amigo Renay a Chile ocupó mis días con harta alegría. El viernes 27 amaneció nublado, lo recuerdo perfectamente, y no pude más que pensar en cierta señora que conocí en mi trabajo. Ella aseguraba que cuando el cielo se nublaba en verano y bajaba la temperatura eso era síntoma de sismo. Pues así era aquella mañana y lo pensé, e incluso estuve a punto de comentarlo en Facebook pero, coño, para qué, dije yo, semejante papelazo si ni en 100 años acertaría en una predicción de ese tipo. Rápido pasó el día y se metió la noche por la ventana, franca para ver por la TV al pesado de Arjona en el Festival de Viña. Allí me asqueé un rato hasta que a la 1 y 30 AM el sueño me llevó de cabeza para la cama.

Un meneo cadencioso me despertó a las 3 y 30. La cama se movía discretamente hacia ambos lados. Era un temblor, uno más entre muchos ya vividos, y preferí esperar en la cama su fin. Sin embargo, mi osadía sería puesta a prueba con un movimiento aún más fuerte. Decidí pararme y me recosté a la pared del cuarto, suplicando ya con nervio que cesara aquella escena. Pero qué va, entonces subió el infierno a Santiago de Chile y mi departamento comenzó a sacudirse violentamente, tanto que apenas me podía sostener en pie. La vajilla se quebraba contra el piso y se corrían de lugar los muebles, sonaba todo el edificio como si lo estuvieran demoliendo. Dios mío, arrancó en mí el chip de la supervivencia y partí corriendo, quizá lograría escapar de aquella horrible hecatombe. Salí volando del departamento, no sin antes tomarme el tiempo de sacar el pestillo de la puerta hacia afuera, pues no habia tomado las llaves y luego no podría entrar a mi hogar (curioso procedimiento en medio de tanta urgencia, no?).

Qué espantosos segundos aquellos en los que di mi físico por bajar los 10 pisos a través de la escalera de emergencia. Saltaba los escalones de 5 en 5 y el violento terremoto me tiraba contra la pared repellada, lastimándome manos y antebrazos. En un instante tuve la certeza de que moriría, mientras el yeso del falso techo me caia en la cabeza y conformaba el peor momento de mi vida. Pero no quedaba más que correr, amigos. A mi lado comenzaron a sumarse vecinos de pisos inferiores, que escapaban aterrorizados, algunos casi desnudos y otro totalmente en pelotas. En cuanto alcanzamos la puerta de salida al exterior del inmueble el terremoto cesó. Paré la carrera y, descalzo, sentí en mis pies el agua que salia de los desagües producto del colapso de las cañerías. Mi instinto hizo que velara por cualquier pedazo de edificio maltrecho que pudiera venirse abajo en ese momento. Busqué un lugar abierto dentro del condominio y alcanzé a decirme: aquí no puedo vivir, así no puedo vivir!

Las 4 AM del 28 de febrero, adrenalina a tope, la ciudad encendida, todos muertos de miedo, gritos, carreras, el momento histórico vivido. Un blackberry de una solidaria vecina me permitió postear en mi muro de Facebook un mensaje de mi buen estado físico y supervivencia sicológica. Con los testículos aun desaparecidos del mapa, hice de tripas corazón y volví a mi departamento, buscando una ropa mas abrigada que el pulover y el short que me cubrían, además de unas zapatillas y mis llaves. Al entrar se me pusieron los pelos de punta, todo estaba en el piso, incluida una máquina secadora de ropa, que antes estaba empotrada en la pared a 2 metros de altura. Rápido busqué mis cosas y me fui de allí. En la mañana una familia amiga me llevó a su casa y allí estuve par de días, sufriendo las fuertes réplicas que siempre acompañan al mega sismo.

El terremoto lo sufrí durante par de meses, no dormía en la cama, lo hacía en el sofá de la sala, con una mochila lista y las llaves en la meseta para arrancar en cualquier momento. Las réplicas revivían la sensación de horror y aquellas 2 muy fuertes que se dieron mientras Sebastián Piñera asumía la presidencia de Chile terminaron por hartarme. Decidí desde entonces relegar el miedo, de forma tajante impuesta, dominante, sí. No lo logré a cabalidad, pero créanme que hoy día ya enfrento los movimientos telúricos al menos sin intenso espanto.

Ayer hablaba con una amiga chilena y le contaba de los huracanes en Cuba. Ella escuchaba aterrorizada pero a la vez presa de la curiosidad. Y yo pensaba para mis adentros: mira, ya con 25 años poder contar a 2 culturas hechos como sismos y ciclones, curiosos y terroríficos a la vez, es para mí un orgullo! jeje… Hoy tembló fuerte en Concepción, alcanzó los 7º. Pudo mi esfinter aflojarse un poco con la noticia, pero no fue así. Ando medio que preparado para estos menesteres, y ningún tembleque histérico me va a mover de este país. Con los sismos de esta tierra quiero yo mi suerte echar.

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3 Respuestas a “El ineludible tema de los terremotos

  1. Creo que el titulo dice exactamente el “efecto terremoto” sobre todo cuando se va a cumplir un año…y se estrenan películas…salen documentales…y toda la parafernalia… y por sobre todo vuelve a sacudir a la gente tan linda de la octava región…cuna de grandes de la música…la literatura y el arte chilensis…pero bueno la vida continúa y como tu dices de los huracanes en Cuba…cada pueblo debe levantarse de las tragedías naturales…y eso se nota en la fuerza de la gente…espero y esto pase pronto y nos sirva para reflexionar(falta que nos hace)

    pd: buen blog.

  2. kpy, no sabes cuanto me he reido aqui en mi trabajo con un amigo, con esta parte: ¨Con los testículos aun desaparecidos del mapa¨, jajajaja te encontraste ahi, pero creeme que te conozco y no eres de ponerte asi tan facil, debe haber sido una experiencia muy intensa, ojala pronto se repita… jajajaja, no, es jugando, si me acuerdo de eso, yo me entere de eso y estuve super preocupado por ti, no sabia nada de ti y me calme cuando hablamos por facebook… suerte con los amigos terremotos, ojala no te molesten mucho. un abrazo…

  3. que miedo!! una vez vi temblar en Amancio, Las Tunas, pero fue flojito. Era yo chiquita y recuerdo que comia en un restaurante con mis padres y cuando comenzaron a moverse la mesa y las sillas, corri con mi papa a la ventana y vi como las palmitas pequeñas que adornaban el jardin se estremecian histericas. Fue un susto pero fue excitante a la vez!

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